Contaminación cruzada

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Precauciones en la cocina: conoce la contaminación cruzada y cómo velar por tu seguridad alimentaria

¿Pensamos en nuestra seguridad alimentaria cuando vamos a prepararnos alguna comida durante el día? Probablemente no, seguramente la contaminación cruzada no debe pasar por tu mente.

Si estamos en lo correcto, llega a ser oportuno comenzar a prestarle atención a los minuciosos detalles de la cocina tradicional, por el bien de la salud propia y de quienes nos rodean.

En muchos hogares, generalmente, suele pasar desapercibido cómo manipular el alimento previo al momento de su preparación.

La cocción de estos, su almacenamiento, la higiene de los utensilios o de quién propiamente esté por cocinarlo, así como el lavado de los ingredientes antes de usarlos, son solo algunos de los elementos a tener en cuenta para evitar lo que no queremos: la contaminación cruzada.

No olvidando que la mayor de este tipo de contaminación la producen los mismos utensilios de cocción donde de forma tradicional y sin saberlo, cocinamos nuestros alimentos.

 

Cuídate de la contaminación cruzada

Este tipo de contaminación es más habitual de lo que creemos cuando nos adentramos a cocinar.

Si cualquier alimento limpio entra en contacto directo con uno contaminado se produce transmisión de microbios patógenos —normalmente en alimentos crudos— conocida como contaminación cruzada, exponiéndonos a una de las causas más comunes de intoxicación alimentaria.

Así de complejo llega a ser. De cara a esta escena, se recomienda tener cuidado hasta con lo más simple que queremos preparar: una ensalada.

Por ejemplo, al mezclar la lechuga, vegetales en general, en mal estado con otros ingredientes, prolifera la contaminación directa.

En su mayoría, las bacterias que normalmente se encuentran en los alimentos son eliminadas durante la cocción o el lavado.

Pero si estos, que ya cumplieron esos procesos, se ponen en contacto con alimentos crudos como carnes o pescados, o sin lavar como vegetales y frutas, pueden volver a contaminar.

También hablamos de una contaminación cruzada indirecta, que se traduce en cómo se contamina el alimento mediante algún elemento externo a los productos.

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En este grado, se hace referencia a las manos, recipientes, tablas de picar, ollas de cocción tradicionales y cualquier utensilio de cocina.

Un caso clave es la contaminación por ollas de aluminio que, aunque este sea un excelente conductor del calor y por eso los alimentos están en menor tiempo, de ellas se desprende residuos que fácilmente pueden tener consecuencias graves para la salud.

Científicos hacen referencia al alto nivel de este metal en personas con demencia y en envejecidos prematuramente.

Preferiblemente, se recomienda comprar utensilios de acero inoxidable 18/10, uno de los más sanos y tradicionales materiales usados en la cocina profesional.Pero no están exentos a la contaminación cruzada porque contienen 18 partes de cromo por 10 de niquel.

Los dos productos pueden ser dañinos para nuestro organismo. Hay aceros que no contaminan tanto como el acero 304, que solo tiene reacción con los alimentos en contacto con ácidos (vinagres, limón, tomate, entre otros).

Algunas empresas también utilizan el acero 316Ti, que es el que se usa para los implantes y prótesis; es totalmente inocuo para nuestro organismo, pero de momento son difíciles de ubicar.

Aunado, los productos de acero son de cuidado simple y neutros, en contacto con los alimentos, que repelen de la contaminación cruzada, ¡la higiene en la cocina es indispensable!

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